La colina de San Antonio es quizás el punto más buscado por caleños y turistas por su mirador, desde donde se puede apreciar la más completa panorámica de la ciudad. Hace parte del tradicional barrio San Antonio, ubicado en el sector oeste. Es un lugar romántico que en las horas crepusculares, sirve de refugio a los jóvenes enamorados que ya son parte de la estampa viva de este lugar.

En su cima se encuentra la pequeña iglesia-capilla de San Antonio, una de las más antiguas de la ciudad, que data del año 1747. Desde entonces su estructura original ha sido restaurada en varias ocasiones para mantener su aspecto eminentemente colonial. La iglesia está a cargo de las monjas Clarisas, que habitan el pequeño convento y son famosas por ser quienes elaboran y venden allí mismo, las apetecidas galletas “cucas”, que hacen parte de la tradición repostera caleña. El barrio se extiende a los lados de la colina y llega a los bordes del centro de la ciudad.

Los fines de semana la zona se llena de vida y color, siendo eventualmente, durante el día, escenario de exposiciones artesanales, ferias, representaciones artísticas y venta de dulces y comidas típicas caleñas. En sus alrededores proliferan cafés y restaurantes de excelente calidad que en las noches ofrecen un ambiente particularmente bohemio y exquisito. No en balde es considerada como una importante zona gastronómica que no debe perderse el visitante.

San Antonio es un refugio de artistas, intelectuales, artesanos y personas de edad que con su curiosidad e ingenio han abierto talleres ricamente decorados. A partir de 1992 se abrieron las casas de los anticuarios y junto a ellos llegó una época de restauración paulatina de hermosas casas que enriquecieron el patrimonio del barrio. En su conjunto San Antonio es un barrio de techos bajos, en donde predominan la teja de barro, las paredes lisas y las ventanas y puertas en madera de un estilo simple, con aire colonial.